Para Familias

Comunicar desde la conexión

Comunicamos más y mejor en un AMBIENTE TRANQUILO DE ESCUCHA. Esto es cierto para los adultos y especialmente para los niños. En el calor de las prisas diarias no siempre nos acordamos de crearlo porque estamos centrados en llegar y hacer las cosas en los tiempos que tenemos marcados.

Desde CIGAT nos gustaría compartir pensamientos y reflexiones que os ayuden y acompañen en la hermosa labor de comunicarnos dentro de la familia.

Antes de hablar, parar y respirar para tomar conciencia…. La razón esencial por la que nos comunicamos es la CONEXIÓN. Nuestra necesidad de acercamiento afectuoso y de compartir con aquellos a los que amamos son los motores que nos impulsan a hablar entre nosotros. Cuando notes que la realidad te supera y estés a punto de abrir la boca y hablar más alto o más descuidadamente de lo que te gustaría, abraza el silencio y simplemente respira mientras sonríes para que el aire entre mejor, entonces, repítete mentalmente cualquier frase que te devuelva la cama y empodere, (Ej.: ¨Te amo, me amo y quiero cuidar de nuestra relación¨).

Recuerda que antes de abrir nuestra boca ya estamos comunicando, estamos mostrando interés, respeto, atención, amor… y nuestros hijos lo saben. Cuidar lo que decimos es tan importante como el CÓMO lo decimos.

Es importante asegurarnos de que tenemos el tiempo y energía para comunicarnos. Las prisas por hacer son incompatibles con pararnos para cuidar de nuestra relación con nuestros hijos adaptándonos a sus ritmos. Conecta con el momento presente con el AQUÍ Y el AHORA. Antes de decir a tus hijos: ¡a cenar! Siéntate 3 minutos con ellos, comenta y pregúntales por la actividad que les ocupa. Si la cena es más tarde de lo previsto siempre se puede hacer una ducha más corta y leer un cuento en lugar de dos.  

ESCUCHAR CON GENUINA ATENCIÓN es indispensable para comunicar. Cuando mantenemos la mirada, preguntamos, clarificamos, asentimos y nos alejamos de distracciones posibles (teléfono, tele, atender a otras tareas) estamos comunicando a nuestros hijos que tienen toda nuestra atención. Un aliado indispensable para mostrar atención es nuestro SILENCIO. Es en nuestro silencio respetuoso, el espacio natural en el que ellos se expresan y son los protagonistas absolutos de la comunicación.

Abandonar la creencia de que SER FELIZ equivale a TENER RAZÓN nos ayudar a enfrentarnos a la comunicación con la amabilidad que queremos dar a nuestros hijos. La búsqueda de argumentos que persiguen tener razón sólo alimenta la lucha de poder con nuestro receptor, desconectándonos de nuestra necesidad de cuidarnos y cuidar de los otros.

 Hablar en primera persona o desde el YO en lugar de desde el tú disminuye la actitud defensiva de nuestros hijos. Hablar con mensajes TU es interpretado como agresivo e invasivo.  Aquí debemos prestar especial atención a las vueltas que le damos al lenguaje para convertir un mensaje YO en mensaje TU (Ej.: Yo creo que …, yo pienso que… yo siento…). 

 Para hablar en primera persona es indispensable primero CONECTAR CON NUESTRAS NECESIDADES fundamentales y los sentimientos que ellas nos producen (Ej.: Me siento frustrada, ¿Qué necesito yo, ¿Qué no estoy recibiendo)? Nos ayuda a comunicar mejor no confundiendo la causa de nuestras emociones con nuestros hijos (Ej.: Me siento enfadada cuando veo la casa desordenada, porque necesito poder encontrar las cosas a tiempo y en el lugar donde deben estar…, porque ocupé mucho tiempo en ordenarla esta mañana… en lugar de me pones de mal humor con tu desorden). Si conocemos nuestros LÍMITES y NECESIDADES podemos expresarnos de forma más certera y respetuosa (Ej.: Si sabemos que nuestro límite es ¨en el salón no quiero juguetes¨ podremos expresar nuestra necesidad – necesitamos caminar por el salón sin miedo a pisar un juguete y hacernos daño, ahora vamos a llevar los juguetes a vuestras habitaciones). 

Describir situaciones y objetos en lugar de etiquetar y/o juzgar nos ayuda a mantener una comunicación respetuosa y a que nuestros hijos quieran participar de ella. (Ej.:  ¨Cuando veo tus juguetes rotos en el suelo me pregunto si valoras la suerte que tenemos de poder tener juguetes bonitos y nuevos en lugar de ¨veo que no sabes cuidar de tus juguetes, se los voy a dar a otro niño que los cuide y valore¨).

Sustituir los mandatos por las preguntas nos acerca a nuestros hijos y los implica en la comunicación en lugar de alejarlos (Ej.: ¿quieres ponerte los zapatos sólo o con ayuda? en lugar de ponte los zapatos).

 A menudo encaramos tareas que no son opcionales (lavarse los dientes, ponerse la ropa,), en esas ocasiones podemos recurrir a OFRECER DOS OPCIONES en forma de preguntas (Ej.: ¿quieres comerte tres o cuatro trocitos de pescado? en lugar de ¨Si no te comes el pescado no hay helado de postre¨).

Elegir bien nuestras normas, límites y noes, aquí menos, es más. Si tenemos normas consensuadas de familia, elegir y acordar las 4 normas que todos vamos a respetar. Con las normas enseñamos que todos tenemos los mismos derechos, que diremos SI siempre que sea posible y NO siempre que sea necesario. En las ocasiones en que la respuesta es un NO porque hemos chocado con una de las normas, aseguremos a nuestros hijos nuestro amor y la conexión (Ej.: te amo y mi respuesta es no puedes comerte tres postres).

 Busquemos el SI en el NO de nuestros hijos. Si ante la petición de lavarse las manos antes de comer recibimos un NO de nuestra hija, en ese momento nos podemos agachar, abrir bien ojos y orejas para atender aquello que la tiene inmersa, “lee su cuento favorito”. Ahora veo que posiblemente su NO me lavo las manos, podría ser un “SI me las lavo cuando haya acabado mi cuento”. Házselo saber de forma clara una vez que hayas conectado con ella, veo que estás leyendo tu cuento favorito, ¿Por dónde vas?, ¿Lo leemos juntas y luego nos vamos a lavar las manos? 

 EVITAR EL LENGUAJE BIPOLAR en el que las cosas son Blancas o negras. Cuando decimos siempre que te pido que…. o nunca me respondes cuando te pregunto, es altamente probable que estemos deformando la realidad además de entrar en la espiral de la lucha de poder que no nos va a conducir a conectar con nuestros hijos. Sustituye los adjetivos absolutistas por descripciones más claras y fieles a la realidad. (Ej.: Cuando has dicho que el brócoli está malo…   en lugar de siempre te quejas de la comida). 

 Evitar los debería/tendría….  son violentos porque nos imponen nuestra acción alejándonos de nosotros y de lo que necesitamos y realmente queremos. Está batalla es continua, ya que todo el sistema educativo nos ha moldeado desde lo que deberíamos y tendríamos que hacer o ser. Ser conscientes de si hacemos las cosas porque elegimos hacerlas o por imperativos superiores nos ayuda a conectarnos con nosotros, con el aquí y el ahora.

 Por último, nos gustaría resaltar la importancia de trabajar en equipo dentro de la pareja. La comunicación en la pareja es la base imprescindible desde la que enfrentar la educación de nuestros hijos. Es frecuente que cada miembro de la pareja tenga sus propias creencias y experiencias sobre cómo, cuándo y qué se debe decir a los hijos. La educación de nuestros hijos es muy importante y a menudo las conversaciones son más acaloradas de lo que nos gustaría. Busquemos la oportunidad en la diferencia de opiniones, abracemos el reto de ser un equipo que se complementa en el que las decisiones se toman con aportaciones consensuadas de ambos padres. Trabajando desde la comprensión mutua estamos siendo el modelo de imagen de lo que queremos para nuestros hijos.

 Estas reflexiones están inspiradas en La Comunicación No Violenta CNV y la Disciplina Positiva DP. Estas corrientes, estilos de vida y sistemas de creencias son enfoques complementarios en los que creemos y desde los que trabajos. 

 Dónde encontrar más información:

  • Cómo educar con firmeza y cariño, de Jane Nelsen. Medici, 2007.
  • Cómo hablar para que sus hijos le escuchen y cómo escuchar para que sus hijos le hablen. A Farber, E Mazlish. Medici, 1997.
  • El cerebro del niño, de Daniel J. Siegel. Alba Editorial, 2012.
  • Comunicación no violenta. MB Rosenberg. Urano, 1999.