Para Familias

Las rutinas del verano

Por fin nuestros hijos están de vacaciones escolares. Y puede que con ello se instale un poco el caos en casa: los horarios no son tan rígidos, hay más horas de tiempo libre, sin rutinas nuestros hijos (y nosotros, por qué no decirlo) podemos sentirnos desbordados o perdidos, al estar más tiempo en casa puede que se desordene más y las pantallas parecen un recurso demasiado socorrido. Sin embargo, en verano podemos favorecer rutinas y hábitos que tal vez el trajín del curso escolar no nos ha dejado afianzar: leer  juntos, colaborar en las tareas de casa, ordenar la habitación, jugar en casa, escribir, practicar algún deporte en familia… Hablamos de cómo ayudarnos a vivir un día a día más ordenado en verano.

Acordar las rutinas prioritarias
Tal vez piensas que para tus hijos lo más importante es leer todos los días un poco. O crees que lo más necesario es que contribuyan a mantener la casa limpia y ordenada. Quizá necesites un tiempo para trabajar en casa mientras ellos juegan. En todo caso, tendréis que decidir qué rutinas son prioritarias y en qué momento del día se deben realizar. Así, nuestros hijos sentirán que hay un orden en su día a día y lo acatarán con seguridad y comodidad.

Establecer un horario por escrito
Imaginemos que nos gustaría leer más con nuestros hijos después de un curso escolar en el que no hemos tenido tiempo. Ya nos dijo Jaume Centelles que «el tiempo de lectura compartida es un buen regalo que podemos hacer a nuestros hijos». Podemos elegir en qué momento leeremos (por ejemplo, al llegar a casa del trabajo, o antes de cenar, o después de comer). Y lo escribiremos en un horario visible, para dejar bien claro cuándo toca la hora del cuento. Si nuestros hijos colaboran en la realización de ese horario, seguro que cooperarán más en llevarlo a cabo. El uso de pictogramas o de murales nos puede ayudar cuando nuestros hijos son pequeños.

Fomentar el tiempo de conexión, la autonomía y el ocio enriquecedor
La tentación de recurrir en exceso a las pantallas es muy grande, sobre todo si tenemos cosas que hacer en casa y queremos que estén tranquilos: se quedan sentados, no se aburren, no nos reclaman… Pero el verano puede ser la mejor oportunidad para fomentar el encuentro de verdad, más relajado, con nuestros hijos, su autonomía, porque pueden aprender a realizar muchas tareas por sí mismos cuando no tenemos prisa, y un uso del tiempo libre para aprender, estar activos y cuidarse. Teniendo estos tres principios en cuenta, las actividades que podemos realizar en familia son muchas:

  • Leer en familia libros que nos enseñan valores, que nos hablan de emociones o cuya calidad es bien conocida.
  • Cocinar juntos y planificar los menús, cuidando que sean saludables
  • Ordenar y limpiar la casa en familia, entendiendo que es responsabilidad de todos cuidar el hogar.
  • Jugar con el agua en familia, ya sea en la piscina o, si no la tenemos a mano, con pistolas de agua.
  • Hacer equipo con los profesores buscando un hueco en el día a día a actividades que han propuesto para el verano.
  • Ver alguna película bien escogida en familia. Aquí podéis encontrar muchas ideas.
  • Disfrutar de paseos por el campo o por zonas verdes al final de la tarde u organizar un picnic viendo atardecer. Como nos dijo Heike Freire «el contacto con la naturaleza estrecha muchísimo los vínculos entre padres e hijos».
  • Fomentar que nuestro hijo avance en su autonomía, por ejemplo, dando tiempo a que aprenda a atarse los zapatos, enseñándoles a nadar o a montar en bici, dejando que jueguen a su aire o que estén con sus amigos en un sitio seguro sin supervisión adulta constante, permitiendo que tomen decisiones sobre el uso de su tiempo libre…
  • Charlar sobre cómo queremos pasar las vacaciones, decidir en familia cómo vamos a disfrutarlas o, por ejemplo, qué actividad realizaremos al día siguiente.
  • Comunicarnos de manera más relajada y positiva, porque las prisas tal vez nos hayan dificultado el hacerlo durante el curso escolar.
  • Si tenemos varios hijos, dejarles experimentar las peleas (sin que llegue la sangre al río) como un aprendizaje para la convivencia y confiando en que sabrán encontrar la solución.
  • Gestionar los conflictos familiares con menos estrés, con mejor perspectiva y como oportunidades para llegar a acuerdos
    Escuchar música y bailar.

Fuente: Gestionando Hijos